martes, 19 de febrero de 2008


No he muerto Hipólito.
Al contrario, el fulgor de vida que me habita ha sido el motor que sostiene el hilo de vida que me asiste en medio de este limbo, que se ha vuelto la vida sin ti.
El desconcierto también me lame y peor aún, es tan latente que por momentos siento que me horada el alma.
De nada sirven las premoniciones de los gitanos que te han visto, pues en esta encrucijada estamos juntos y mientras tengamos la fe suficiente para recordarnos y estar unidos tácitamente en puntos distantes de este mundo, sin contactarnos por eternas jornadas, siempre mi recordado Hipólito, tendremos una opción y podremos superar las brechas de nuestra condición humana, esa que nos embarga y que nos ha relegado a este laberinto.
Siento de forma retozante el dolor que nos ha causado este distanciamiento. El no poder besar tu falo y tenerte dentro, sintiendo como me nutro de tus calores y me lubrico con tus briosos movimientos, de verdad, me mortifica y no por Teseo, él en últimas es tan solo un accidente en la geografía de mis días, una de esas que per se existe, se mantiene y sobrevive a remolinos de costumbres, sin mayor acento.

¿Cómo crees que pensaría en anularte y borrarte de la faz de la tierra?
Ciertamente el morir por amor suena un poco incitante, pero el amor es tan bueno, tan noble como solo algunos metales, que no puede causar la muerte. Ni siquiera Romeo y Julieta murieron por amor, ellos liquidaron sus vidas por equivocaciones de voces, desacuerdo de tiempos y sobre todo por perder el norte, la fe y la consigna clara de saberse mutuamente bien al final de la eterna travesía.

Sobre lo que preguntas, ¿si es mi coño el bien más preciado de Teseo? ¿si equivale a algunas de sus joyas? Me duele decirte que pese a que no distingue un fierro de un diamante, para él, dentro de su entorno y en su lecho soy la más virginal de las criaturas. No interesa lo puta, lo caliente y lo perversa de mi conducta, pues con el soy totalmente desvergonzadas, sin temores ni resquicios, libre y entregada solo al placer que me da ser feliz en cada instante que por humanas razones, por jerárquicas obligaciones, comparto las mieles de mi piel con los fluidos de su sexo que así no lo creas, logra sincronizarme con la luna llena y llevarme al éxtasis de forma plena.
Así es Hipólito, mis sueños eróticos no son solo tuyos.
Mi mundana condición me ha enseñado a explorar opciones de afecto, campos de acción y roles que sean garantes del placer de ser la mujer caliente y mundana que disfrutas entre tus brazos, cada vez que con lujuria y sin temor nos dejamos enredar por la carne y nos liamos sin palabras a la única causa que importa ahora: poder vibrar, mojar cada recóndita curva de estos laxos cuerpos con las lágrimas de la emoción que da el saber que podemos fraternizar con la carne y comulgar en el silencio que se articula entre nuestros vellos y se lía con la flama de cada beso que nos damos en la furtividad, luego de nadar en tu semen, sin importar nada más que el sabernos unidos, amalgamados en esas tajadas de vida que solo saboreo y disfruto junto a ti.

No es tarde Hipólito. No desistas de vivir.
Preocúpate menos por las cargas de cuentas que llevamos a cuestas y trata en lo posible de darte más a la vida que aun nos asiste y con la que tenemos el compromiso inquebrantable de seguir, de latir y de vivir todo aquello que otros, retadores del minotauro no han podido saborear.
No entiendo en medio de toda esta estratagema que se ha vuelto sortear cada dia para disfrutar en silencio cada nueva luna, junto a sus mil estrellas, porque dudas que en este mundo, en esta vida aun tienes tareas por hacer:
- La primera de ellas, proporcionarme la felicidad extrema, exprimida en cada acto de pasión absurda que nos acerca a la muerte y nos recarga la vida sin temor alguno.
- La segunda, hacerme gritar y gritar tu de euforia, de pasión. La vida no puede ser un continuo silencio, una permanente y muda travesía que nos habita sin más noticias de estar ahí.
- La tercera de tus tareas, es llevarme al cielo una vez que me tengas en tierra junto a ti, cerca a tus cares, magras y parejas, deberás, sin ninguna oposición o resistencia, hacerme tuya, con placer y sin prisas.

lunes, 21 de enero de 2008

superticiones


Y parece que has muerto.
Tu silencio te delata. Y no es un chiste de guisa.


No te encuentro ni en la luna ni en el fondo del rio. Tu imagen es presencia ausente entre mis angustias y tu voz ya se me confunde con el latir del desconcierto.
Un grupo de gitanos, de esos que errantes van por el mundo como piedras rodantes sin ley ni casa, me ha visto y me ha dicho que la encrucijada de mi vida es más grave que salir del laberinto del Minotauro. Les hes dicho que basta con saber que la vida es una rueda y yo estoy en ella.
Hoy tengo la fe ida y la dicha enredada, pero saberte que existe la esperanza más allá de las montañas, más allá de los reyezuelos pasajeros, más allá de las vanidades de hoy, me dan consuelo.

miércoles, 16 de enero de 2008

Un sueño de complicidad


He soñado un dolor lleno de amores y sensualidad.

Soñé que me vendias, que me acusabas de traidor e intento de violación y por eso era ahorcado deliciosamente en una plaza pública a la hora más bella del alba.


Que tú, llena de temor por lo que pudiera saber tu esposo Teseo de los cuernos que le adornan la hombría por culpa de tus caprichos de mujer maldita, y mi debilidad por las mujeres faciles, me acusabas, falsamente, y hacias matar.


Al momento de morir solo pensaba que te habías equivocado. ¿Cómo no darte cuenta que mi pecado era tan amargo como el tuyo, y tan valioso de callar como el mismo? Teseo es mi padre y vos sos mi madrastra. El incesto, el escandolo, el dolor familiar podría ser tan intenso, que por eso el silencio mio era tan conveniente como el tuyo, pero no. Me traicionabas, me hacias matar.


No se si era una fantasia erótica o un sueño de terror. Pero me gustaba morir por una causa de amor. Te puedo contar que mi vida al caer al vacío, al abrirse la trampa, al apretón de la soga no era de dolor ni nada, era tan solo una sensación de luz blanca en el horizonte.


Y por un largo rato pudo mi espiritu quedarse alli, viendo mi cuerpo colgado; viendote entre la muchedumbre derramar una languida lágrima y una sonrisa amarga. Escuchando a la gente decir que merecía morir por robar a Teseo sus joyas más preciadas.


¿Es tu coño su bien más preciado? ¿equivale tu coño aflojado y ese par de tetas ya gastadas lo mismo que una esmeralda y un anillo de oro? ... tal vez sea la hora de decir que tu marido no sabe de oro y cualquier comerciante lo puede engañar vendiendole baratijas o abalorios por piedras preciosas. Si sos su bien más preciado, esta engañado, no sos tan valiosa, porque sos tan perversa y tan caliente como la más barata de las putas y ladronas de una calle de Egipto.


Pero la verdad en mi sueño no te ofendia ni pensaba eso. En mi sueño, cosa curiosa, lloré por ti, por el deseo imposible que me arrastraba a ti. ¿Qué ironia no? Eras quien me mandaba a asesinar pero yo, lloraba por ti, y pedia al cielo clemencia para que perdonara tu pecado. Y me parecias tan bella y tierna alli, entre el público, camuflada, escondida, como una niña en medio de pilatunas, que te deseaba, que queria abrazarte, besarte, llenarte de mimos para opacar el dolor y la incertidumbre que vivias.


Estabas hermosa. Y cuando mi cuerpo de ahorcado descargó su semen por entre mis piernas a chorro limpio, blanco y gelatinoso, no pude menos que sentir ganas de estar en ti. De amarte hasta el final, de desafiar al Minotauro en su laberinto si fuera posible, de retar a un duelo a Teseo si fuera necesario, de pedirte que huyeramos al Sinai, sino hubiera más remedio.... pero todas esas fantasias ya eran tarde.


Y cuando tus labios lamieron la tarde, pude ver mi cuerpo de ahorcado brincar, estremecido.




lunes, 31 de diciembre de 2007

Las mentiras que te recuerdan


Estimada Fedra
Los caminos a esta tierras estan plagados de peligros. La gente esta sedienta de justicia. Hay pólvora en el ambiente, todo es muy confuso. Pero en los aposentos de mi biblioteca todo es más tranquilo aunque mucho más tormentoso. Cada historia que leo, me llena má del corazón de traumas y dolores.
Uno de los infames me puso la otra noche una daga en el cuello y ha intentando asesinarme, le he dicho que tenga piedad, pero sus ojos estaban resueltos a darme el pan para la otra vida.

En el tiempo del miedo le he dicho que se apiade de mis hijos pequeños, y el hombre ha dudado. Le he dicho que tal vez él me conoce, que soy el marido de Fedra de Minos, que tenemos dos hijos, que el imperio me ha premiado y que después de mucho años de esclavitud vuelvo a casa a ver a mis hijos.

El hombre ha creído la mentira. Su ánimo ha cambiado y me ha dejado vivo. Quien sabe par qué el destino me quiere vivo todavía.

Despues de eso, he decidido encerrarme en esta vida de libros a vivir las batallas que ocurren en el papel y no estar en los miedos de la calle.
Por un instante pensé que era un asesino enviado por ti. Pero no, de ti solo se puede esperar felicidad, y aunque a mi no me has dado nada, todos lo dicen y ese es tu legado.

viernes, 21 de diciembre de 2007

He tenido una visión


Estimada Fedra,
He tenido una visión contigo en pleno éxtasis.
Si, lo confieso. Y lo peor, maldinga sea, es que era una visión feliz. Te cuento: Era de madrugada y me encontraba en mis aposentos con Fiona, Lena y Teofera, que son mis concubinas de turno. Habiamos bebido un poco de linaza con lejia y fumado algo de hierbas sagradas con tabaco traídas de ultramar. La noche fue espléndida como siempre. Cantamos las odas más sensuales que te puedas imaginar y Fiona fue capaz de imitar a los dioses del Olimpo como ninguna, situación que nos impregnó con la gracia de la risa.

Lena y Teofera,que son dos mujeres blancas, de piernas largas y de cabellos dorados, apostaron a cual de las dos era capaz de besarme más por más tiempo y en los rincones más placenteros. Lena sabe de danzas árabes, prendió incienso y bailó imitando a sus diosas y se tomó el atrevimiento, raro en las esclavas de estos días, de besarme en la boca, de acariciar mi lengua con su lengua, y como no opuse resistencia, las demás la imitaron sedientas.

Hacia la media noche, Teofera me pidió permiso para llamar a Enaro, un negro grande, salinado y calenturiento que me han asignado por guardaespaldas y suele dormir a la entrda de mi dormitorio con sus herramientas carnales a disposición todo el tiempo. La mujer lo beso, le acaricia las gónadas y tuvo el atrevimiento de llevarlo hasta la cama que ardía en licor, humo, babas, deseos, energías, lascibia y pecado cristiano.

No supe como, pero la batalla de los cuerpos sobrevino. Eramos comos serpientes arrastrandose en el fango, lamiendose y comiendose unas a otras. Imaginate cinco seres enajenados, sueltos, lascivos, ofensivos, sedientos, relamiendose unos a otros, hasta que de pronto se desata la furia, y la nieve fría de las emociones que se alberga dentro de tu cuerpo se descarga en el cuerpo de alguien, en la boca de alguien, en las entrañas de alguien, en el culo de alguien...

Y sin saber cómo, tu instante se cruza como un rayo con la felicidad susprema, con el único, con la nada y con el todo.... y tus gemidos y los gemidos de todos son un aullido que baña el universo... y es que hemos tenido un orgasmo colectivo frenético y abrasivo.

Y fue allí, mi querida Fedra, en medio de ese momento maravilloso, de mente en blanco, de éxtasis sin adjetivos, que mis ojos pudieron verte como la imagen que necesitaba para llegar al cielo. Como el cuerpo por el cual, real y conscientemente mis fluidos de nieve helada se desvergonzaban y mis piernas se abrian para ver al diablo socavando mis entrañas.

Asi es Fedra. Así es. No quiero estar contigo pero mi mente y mi cuerpo, viles y putos, te buscan en el paroxismo de la nada para saber que el placer es placer y que la dicha tiene tu nombre.

Que la cicatriz de la duda por mis encantos por la poesía, no te ciegen para saber de mis ansias. Porque no se trata de sobrevivir, sino de tener Poder para poder. Y tu, cuando quieres puedes.

martes, 18 de diciembre de 2007

Remembranzas


Al amanecer de este día, no tuve más que buscar un pretexto para hablarte y escuchar como tu voz, distante me horadaba cada poro, al extremo de excitarme en silencio, pues la bulla propia de los nuevos días me acunaba en su prisa diaria...

Hipólito, al imaginarte lejano, aislado en la laxitud de la inercia y la falta de actividad, recorrí mentalmente tu cuerpo y mientras me decías como estabas y que parte de ti tocabas con esas manos que con morfemas, describen, perfilan e incluso se vierten en mis comisuras como bálsamos, no pude evitar ansiar el tener tu inigualable y mucha veces anhelado falo en mi.

Si. El sentirlo mentalmente jugando en mis entrañas, nadando entre mis liquidas sensaciones, me hizo recordar como tus gónadas, danzan al ritmo del brio y vibran con nosotros, esofue único. El cuerpo es pródigo con los recuerdos de la buena piel y esta se hace fresca cada vez que recuerda los olores y ardores que hacen de ella el vehículo adecuado para abrir el laberinto que encierra la ontología de quienes con carne, cubrimos el cuadrao raciocinio, que limita y controla, las ganas desesperadas de enredarnos a la carne y amalgamarnos con tal fuerza y de forma tan laxa, que me gustaría sentir como cada una de mis desvergonzadas curvas se cierran en tus cimas más profundas, sin mayor afán que el deshacerme poco a poco, poro a poro, gota a gota, entre tus poros como si yo, la fuerte y única Fedra, fuera de vapor, como si nada pudiera hacer ya para anular esta existencia desahabitada en este mundo, en el que no estas y al que por tus convicciones mundanas, creo nunca llegaras.-
Hipolito, quiero con la fuerza de mis dioses y el impetu de mi raza, que venzas la tierra y la mar, para tenerte cerca y disfrutar, asi solo sea una única vez, cada gramo, cada atomo de tus mieles sin mayor afán que volverte a amar, una y otra vez, sin parar, solo con el próposito de ser tuya, tal como lo soy ahora, tal como sabes, lo seré por muchas, quien sabe cuantas lunas.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Volver al río


Mi Estimada Fedra.

Es cierto, no lo puedo negar, a veces mi cuerpo delira por ti, por tus cuidados y cariños. Pero es igual a otros delirios de piel, de esa sed insaciable que a veces nos gobierna la hombría a los humanos, desde las entrepiernas (!)

Entiende, por favor, que yo no puedo acceder a tu lecho asi como asi, ni siquiera pensar que tu vientre, tus pechos y tu vagina me alimenten la vida que sexual, las ternuras y los días, porque tu vida le pertenece a los compromisos que tienen con mi padre, y mis vida le pertenece a otra dama, por la que mi corazón , como un velero, se ilusiona. Y a la que espero no serle infiel, a la que espero serle leal, a la que nunca quiero lastimar por ti, que vas de lecho en lecho y no tienes empacho en besar el falo de su hijastro mientras duerme.
Una copa de vino me trae tus pasiones desenfrenadas. Una copa de vino me levanta el ánimo por los cuerpos y los deseos me arrastran. Pero te repito, no puede ser.

Fedra, hay un hombre que te ama y ese es mi padre, hay un héreo para el mundo que descansa a tu lado y que tambien tiene que ser tu héreo, hay una dignidad de mujer casada que guardar y hay unas formas que mantener. El honor de tu marido esta en juego, y la honestidad de una dama se puede perder por tus alcanzces impensados de mujer libertina ¿por qué no te semetes a la tradición y dejas de asediarme, porque te maltratas y engañas mis emociones? ¿qué podemos ganas de todo esto sino dolor? ¿que gano yo, si tuerzo mi destino para estar entre tus plieges?

Atentamente

Hipólito